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Risoterapia
18-01-2009

Siempre hemos sabido que el buen humor es sinónimo de buena salud. En China, un dicho popular asegura que hay que reír al menos 30 veces al día para mantenerse en forma, mientras que en el antiguo testamento podemos leer que "un corazón festivo y alegre sana como una medicina".
 
Sin embargo, la ciencia contemporánea, en su obsesión por cazar al microbio, parece haber olvidado estos sabios consejos y aun le cuesta aceptar la importancia del buen humor. Con notables excepciones, los médicos se presentan con un talante serio y grave mientras que el ambiente en los hospitales suele ser frío, triste e impersonal.

Afortunadamente la situación está cambiando debido a que diversos estudios médicos han demostrado que la risa es un tema bien serio. Unas buenas y sonoras carcajadas movilizan gran parte de la musculatura corporal, favorecen la circulación sanguínea, refrescan de oxígeno los pulmones, mejoran la digestión y relajan el sistema nervioso.

Cuando nos reímos, se incrementa la producción de endorfinas, unas sustancias químicas que reducen el dolor y refuerzan el sistema inmunológico, mejorando la capacidad del cuerpo para combatir las amenazas externas. Además, se sabe que al reír reducimos el estrés, ese mal endémico de nuestra sociedad, que origina un sinfín de enfermedades como las migrañas, enfermedades cutáneas, hipertensión arterial, depresión, problemas de corazón, cáncer, úlceras de estómago, alopecia, reumatismos, anorexia, bulimia y diarreas. Actualmente, la risoterapia está viviendo un auge en todo el mundo.

Desde que en los años 70 Norman Cousins curara su propia enfermedad "incurable" recetándose una dieta de películas y libros cómicos, se han multiplicado las asociaciones, cursos y sistemas que promueven la risa desde una perspectiva de salud. Por ejemplo, la American Association for Therapeutic Humor se compone de médicos, enfermeros y otros profesionales sanitarios que consideran el humor como un elemento indispensable del botiquín. "¡Atención!", advierte el presidente de esta asociación en su página web, "¡El humor puede ser peligroso para su enfermedad!".

También en España existen varios grupos de payasos que trabajan en hospitales para repartir alegría entre los pacientes más jóvenes y sus familiares, como Payasospital en Valencia, Pallapupas en Barcelona, Pupaclown en Murcia y La Sonrisa Médica en Palma de Mallorca. Según señalan algunos estudios, los niños ríen unas 300 veces al día, mientras que los adultos reímos mucho menos, entre 15 y 100 veces al día, y nuestras risas tienden a ser de menor intensidad.

Parece que con los años vamos perdiendo alegría y nos volvemos más serios, quizás en parte porque la sociedad exige que lo seamos. Según María Cruz Roderas, directora de la más importante escuela de risoterapia de España, Salud Inteligente, el problema es que a los adultos no se nos permite dar rienda suelta al sentido del humor. "En nuestra sociedad está mal visto reírse, y es difícil reír de verdad. Si lo haces en un cine, es probable que alguien te dé un codazo, y no digamos en el teatro".


Para la mente y el cuerpo

Las personas que acuden a su centro encuentran un espacio donde poder liberar este sano y placentero reflejo natural y aprovechar todos sus beneficios para la mente y el cuerpo.

María Cruz lidera una auténtica Cruzada (valga la broma) contra la seriedad. Con sus 44 años, 20 de ellos dedicados a la risa, su voz, su mirada y su espíritu juguetón parecen los de una chiquilla de patio del colegio. "Soy la reina del mambo en el tema de la risa en España", fanfarronea entre carcajadas. En su centro de Barcelona se han formado la mayoría de los risoterapeutas del país, y cientos de personas han descubierto hasta dónde puede llegar una carcajada: "Si tienes un ataque de risa profundo, una risa sincera, un éxtasis de verdad, eso es algo que te cambia y te rejuvenece", asegura.

"No tiene nada que ver con un chiste. La gracia de un chiste dura poco, pero una risa de verdad puede durarte media hora o más. Y te limpia la mente por completo, porque claro, si piensas, no puedes reír, y si ríes, no puedes pensar".


Métodos de hacer reír

¿Cómo consiguen los terapeutas de la risa provocar en cualquier persona tales terremotos de alegría? Las sesiones de risoterapia, normalmente de unas dos horas de duración, suelen tener una estructura bastante parecida. Se comienza con una fase introductoria en la que se explican ciertos aspectos teóricos sobre la fisiología, la psicología y la sociología de la risa.

"No es lo mismo reír con la Ja que con la Je o la Ji", afirma Carolina González Irago del Centro Louise Hay de Sevilla. "Cada risa tiene beneficios distintos. Por ejemplo, reír con la Ji es bueno para el corazón y favorece el adelgazamiento, mientras que la Je actúa sobre el hígado y reduce la rabia y los enfados".

Seguidamente se realiza un calentamiento del cuerpo con diversos ejercicios físicos y de respiración, y una serie de juegos para romper el hielo entre los participantes. "El propósito de estas actividades es despertar a ese niño interior que todos llevamos dentro", explica Pepa Marianas, actriz cómica y directora del Centro Dinamic de Pamplona.

Y será mejor que ese niño se despierte bien, porque la fase culminante consiste en auténticos juegos de patio del colegio (¡no los desvelo por no estropear la sorpresa!). Con estas actividades, se les permite a los participantes quitarse esa careta seria que la sociedad les impone para volver a la infancia y divertirse "como enanos".


Una experiencia personal

Amaya Andía, de 50 años, leyó un artículo sobre la risoterapia en una de las revistas de la peluquería que gestiona en Pamplona y le despertó una cierta curiosidad, aunque también algo de recelo. "Esto de que consiguieran hacerte reír tanto no me lo creía. Me parecía imposible". Cuando supo de la existencia del Centro Dinamic en su propia ciudad, decidió probarlo junto con su marido Juan Antonio, de 60 años.

Realizaron un curso de tres días y quedaron convencidos. "Es un poco como volver a ser niño", cuenta Amaya con entusiasmo. "Llegas a la risa a través de unos juegos que en realidad son muy tontos pero que te permiten tener un contacto muy especial con la gente. Y la verdad es que te ríes... ¡te ríes que no te imaginas! Y es todo muy natural, muy espontáneo. No es nada forzado".

Quedaron tan encantados que siguen participando en estos cursos de forma regular, e incluso invitaron a otras cinco parejas de amigos, todos entre los 50 y 70 años, a participar en un taller durante el puente de Todos los Santos. "El día que teníamos la sesión, noté que algunos amigos, en concreto una pareja, estaba muy tensa. Era por el miedo al ridículo. Son gente seria, con un cierto estatus social y un ego muy fuerte. Pero al día siguiente eran otras personas, llenas de vigor y felicidad. Mi amiga me confesó que a pesar de sus temores iniciales se habían reído a gusto y que tanto ella como su marido se habían quedado como nuevos."


Risas para mayores

Son muchas las personas mayores que acuden a este tipo de talleres para despertar a ese niño que llevan en su interior. En octubre, en la feria Gerontalia 2002, se ofreció un curso para enseñar técnicas de risoterapia a monitores de actividades para la tercera edad. Ese mismo mes, el Ayuntamiento de Jerez, ofreció un taller en su II Semana de las Personas Mayores.

Según Carolina González, estos cursos ayudan a disfrutar de esta fase de la vida con mayor alegría y dignidad. "Las personas mayores suelen venir con muchos bloqueos emocionales y con problemas de comunicación. A menudo sufren complejos y creen que ya no sirven para nada. Por eso, los cursos con mayores son maravillosos. Ves cómo descubren que sí pueden hacer cosas que no creían posibles y cómo se desbloquean. Con los juegos vuelven a la niñez y notas cómo la risa les sale del corazón."

Mari Cruz Rodera recuerda que en otras épocas la gente mayor tenía un papel más relevante en la sociedad, se les respetaba más y tenían siempre tres o cuatro generaciones en la mirada. "Hoy en día muchos abuelos están muy abandonaditos. Tienen muy poca comunicación real con las personas, las relaciones de pareja tienden a ser muy frías, y están cargados con el peso de muchas penas de familia. La risa les da la oportunidad de recuperar las ganas y la importancia de vivir. Con estos talleres rejuvenecen, se mueven más, potencian la memoria, duermen mejor, se integran con los demás y son más tolerantes. Sienten que aún tienen tiempo para jugar, amar y vivir felices."